martes, 22 de abril de 2014

DIARIO DE UN CABALLERO ANDANTE

Caballero andante: actor irreal de origen griego y destino impredecible, tono de voz acompasado con el latido. Mente del caballero andante: descripción ausente.

14 de mayo, 2010, 14.000.300, horas en tránsito. 

…que se ha sentado a mirar hondo desde una distancia prudente, hondamente, en lo profundo del silencio... En el sendero, las huellas. Las huellas son otras formas de delinear el sendero. Conforman un trazo, un mapa imposible de hallar, de plasmar con exactitud, más que en su mente. ¿Qué silencio se descuaja y deja los pasos abiertos? Una pisada, ¿es una huella? ¿Lo es de sí misma o acaso coincide, discretamente, con lo pisado? No marcar el territorio, más de lo que está marcado, acaso, en el vuelo rasante ha preferido él conformar un juego más bien etéreo e imperceptible. Seguramente es lo que ha decidido hacer, creo creerlo. ¿Que hay en la distancia? Él parece verlo. Casi no puede verse pero se siente aventurarse, agitarse, detenerse, armar despliegues y replegarse. En cualquiera de los casos se detiene y deja paso. El caballero anhelante se detiene y le deja el paso a algo. El universo entero apenas entiende lo que sucede. Todo sigue en movimiento constante, nada se altera ni siquiera un poco. El ritmo desconoce las encrucijadas del camino. Él, en cambio, se detiene. Las hormigas lo han notado, ellas han detenido también su paso, algo las alarma y las deja inmóviles. Algo que no se puede nombrar ha cambiado de forma. La transformación no ha sido vista por nadie más que el caballero andariego. Parece pasar desapercibida. Ha llovido torrencialmente, ha salido el sol, la tierra se ha quemado. El agua que antes se evaporó en sutil ascensión ahora cae nuevamente. El caballero andante lo ha visto todo, ahora persigue el ritmo de las estaciones. ¿Qué ha quedado de él? ¿De su mirada antes auroral?, ahora retina cruzada de líquidos para daguerrotipos. Retina que mira y despedaza, que mira y disecciona, que mira y ama, que mira y huye. Mirada en fuga a la velocidad de un parpadeo.
 Alrededor de ese momento, antes de que todo culmine, se desgrana una constelación. ¿Como acontecimiento? ¿Como estrellas? ¿Como granos de arena?: Como granos de arena, como granos de arena, como granos de arena…
Al caballero andante el mundo le ha dado vueltas fuera y dentro de la cabeza hasta tararearlo y dejarlo inmerso en vértigo. Lo ha volteado. A veces él ha dado vueltas alrededor del mundo hasta abarcarlo todo. Él le ha ganado en la reyerta al mundo alguna vez que nunca nombra. Todo. ¿Todo, todo?: Casi todo.
El mundo cabe en una mano. Un grano de arena por noche. Al final no han sido tantas las noches, todavía caben en una sola mano. Al final del camino quizá necesite las dos manos para sostener todas las noches y los granos de arena que las simbolizan. Aún pueden ser sostenidas todas juntas en una mano. Nadie sabe muy bien por qué él camina así. Él quizás tampoco lo sabe. Acaso juega a saberlo y desconocerlo a intervalos de diez pasos. Juega el juego de la vida sin saber si quiere ganar o perder, siempre gana. Nadie sabe por qué él camina con el puño cerrado, sin lanza, desposeído de hierro. Se sospecha de una maldad acrecentada. De una maldad presta a darse en un solo golpe. Se sospechan otras cosas también que no cabrían cómodamente en un cuadrilátero tampoco. Mientras nace un sol nuevo, sale, otra vez, el caballero andante a su eterno paseo. De pronto, casi impredeciblemente, el caballero andante se ahínca, abre lentamente la mano amontonada en un puño. Deja caer de uno en uno los granos de arena. Cada grano un micromundo. Todos juntos un mundito. Hay contradicción saturada, ¿por qué no iba a haberla? Otros son, los que ahora descubren un mundo recién elaborado y se maravillan con los reflejos, con los matices que antes han visto desplegarse en un mundo más grande. Y se maravillan. Y se maravillan.
El caballero andante retoma su andadura, ya sin penas, ya sin dudas. La andanza ha mecido al cuerpo de la duda y lo ha dormido. Ahora es otra la forma en la que se describen sus pasos. Se aleja, ¿por cuánto tiempo? de su creación recién hecha. Todos son completamente felices ante el hallazgo del mundo nuevo, menos él, que es feliz sólo en parte. La parte de él que puede serlo. No la otra que tirita ante el desprendimiento, ante el abandono de la obra. Es también la obra-mundo la que se deja ir del hacedor y lo expulsa, lo abandona. La obra también guarda silenciadas algunas tristezas. Es difícil que pueda ser formulada una pregunta en la víspera, del modo correcto. De un modo que propicie una serie de advenimientos verbales en cascadas, sin signos precisos, sin retóricas altisonantes. Ha debido haber un tiempo y un espacio por donde la figura de la sombra del caballero ha dejado su rastro. Ahora, tal vez, ya no existe tal cosa. Ni siquiera en el pasado. Algunas de esas coordenadas han sido necesarias para escribir el mundo de un modito nuevo. Un modo ordenado, antes caótico, ahora encauzado. Mundo que ha caído de su mano. La secuencia temporal con la que ha dejado caer los granos de arena ha construido un misterio. Tan extraño como todos los enigmas, tan igual a todos: a todos los hilos que dibujan la perspectiva de ese mundo recién fundado.         


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