jueves, 13 de enero de 2011
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Con gloria vivir!
Marcha patriótica (1813)

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:
¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas,
ved entrono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación,
coronada su sien de laureles,
y a sus plantas rendido un león.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos:
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas,
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel;
su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz
y cuál lloran, bañados en sangre,
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos,
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos, que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentinoa las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone al frente
de los pueblos de la ínclita unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.
San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental.
Son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio.
Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la libertad,
y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñado
les repite:
"¡Mortales, oíd!:
ya sutrono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud".
Y los libres del mundo responden:
"Al gran pueblo argentino, ¡salud!
Coro
Sean eternos los laureles,
que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos...
¡o juremos con gloria morir!
¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:
¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas,
ved en
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación,
coronada su sien de laureles,
De los nuevos campeones los rostros
la grandeza se anida en sus pechos:
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas,
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba por gritos
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel;
su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz
y cuál lloran, bañados en sangre,
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos,
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos, que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino
corre ardiendo con brío y valor,
en los campos del Sud resonó.
de los pueblos de la ínclita unión,
San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental.
Son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio.
y sobre alas de gloria alza el pueblo
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñado
les repite:
"¡Mortales, oíd!:
ya su
las Provincias Unidas del Sud".
Y los libres del mundo responden:
"Al gran pueblo argentino, ¡salud!
Coro
Sean eternos los laureles,
que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos...
viernes, 17 de diciembre de 2010
Ya que no existo, digo Freud, Lacan y otros hombres por demás hermosos y brillantes a quienes debo los mejores y los peores combates, ya que no puedo pertenecer a vuestra pequeña casta de histéricas inconsolables, ya que no puedo acomodarme al objeto prefigurado de deseo correspondiente donde debiera empequeñecer para permanecer mutilada ahí dentro, ya que no puedo seguir succionando líquidos barroquísimos, ya que no puedo seguir naufragando en las aguas turbulentas del mar Negro, ya que no he hecho de la debilidad adaptativa una fortaleza sin hastío, ya que no he dominado la lengua de serpiente como debería haberlo hecho, ya que la mayoría de edad recientemente adquirida admite la opción de maniobrar en contrasentido, ya que las fronteras son intransitables, ya que no puedo perpetuar la especie porque he nacido estéril, ya que no puedo ser ni mártir ni verdugo, entre otros catorce mil caracteres, porque mártir y verdugo son imágenes creadas por el Hombre acumulativo de la estirpe, en las que sólo a través de un travestismo desfemeneizante (muy poco placentero) podría encarnar las metáforas en las que habría de ser luego apedreada. Ya que no puedo con todo eso, me obstino en tomar por el camino de la libertad desconocida, partir acaso en busca de una isla desconocida a lo Saramago, acaso tomar el sol la mañana el vodca y el libertinaje de elegir el color, el tamaño y la inscripción de la lápida que el sendero indefectiblemente designa.
lunes, 13 de diciembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Fragmentos de un evangelio apócrifo
Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
1.
2.
3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a si mismo.
9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable
11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha esta en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.
12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.
13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.
14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.
16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.
17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que el cree justa, no tiene culpa.
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.
24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.
28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.
30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y este, de la tristeza y del tedio.
31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.
32. Dios es mas generoso que los hombres y los medirá con otra medida.
33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar
39. La puerta es la que elige, no el hombre.
40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.
41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena
47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con animo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.
1.
2.
3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a si mismo.
9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable
11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha esta en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.
12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.
13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.
14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.
16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.
17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que el cree justa, no tiene culpa.
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.
24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.
28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.
30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y este, de la tristeza y del tedio.
31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.
32. Dios es mas generoso que los hombres y los medirá con otra medida.
33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar
39. La puerta es la que elige, no el hombre.
40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.
41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena
47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con animo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.
lunes, 8 de noviembre de 2010
EL FIN DEL MALEFICIO
…atravesamos las palabras, luego los conceptos y allende a las metáforas, penetramos en ese mundo alargado y viscoso de todocontinuidad.
… tal vez haya algún dios, o una luz, o la nada, ¿O?
Más acá estamos nosotras y ellos, intentando atinar alguna perspectiva precisa.
Desde la metáfora de la modernidad periférica, en un más allá dónde se suceden sucesivos terremotos culturales, existe un sitio enclavado en la dimensión maravillosa. Es real, aunque ello suene a tierra y a infierno al unísono y, en el revés de estas palabras, también haya autenticidad.
El espejo sumergido en la tierra hecho de tiempo y de agua no es el de Heráclito y eso es una bendición contradictoria. Tampoco hablo del espejo de Alicia, -aunque sí en cierto sentido-, sino de los espejos de Borges, y tangencialmente, del espejo del innombrable.
Claro que a través de cualquiera de ellos pueden ser mirados los otros.
Claro que en ninguno de ellos, nuestro reflejo tiene preeminencia.
De cualquier modo, un espejo es necesario, no para… sino para romperlo: ya no hay temor a los augurios atrapados en las mano, porque todo lo terrible y vergonzoso del mundo humano está pasando.
Tal vez los espejos que no hemos roto sean demasiados.
…época en la que todo lo bueno ha sido dicho, ¿y no hecho?
Transidas de desencanto nos hallamos, arrolladas por conocimientos bien heredados.
Maniatadas a una cultura que vibra su absurdidad al unísono como eterna y efímera; ella amenaza con desplomar la paradoja encima de todo lo humano cada tanto tiempo.
¿Será éste, el tiempo del cíclico terremoto cultural? ¿Seguiremos recorriendo cementerios para exhumar cadáveres? ¿Los vivificaremos y vestiremos para re-presentarlos en la escena? Eso es lo que sentencia sórdidamente el espejo.
—Le creo al ESPEJO, ¿Cómo no hacerlo? ¡Es tan real! Pero antes deberemos acreditar la procedencia, describir los lugares donde la palabra creencia tañe su significado. Ya no seremos capaces de engendrar sino lo viejo, sino lo mismo, eso dice él. ¿Pariremos ancianos que rejuvenecerán su ventura conforme pasa el tiempo? ¿O también el ciclo de la vida ha caído en la redada?
Tensaremos la cuerda para erigir (aún más) el Estandarte agigantado (por el reflejo) del conocimiento: allí está Él, majestuoso, instituido, inamovible y de acero inolvidable. Aquí estamos nosotros, instituyentes, agrietados e imprudentes, irracionales y alarmados.
…pero ocurrió que un día… el Estandarte casi cae al suelo y nosotras, que creemos en todo lo que vemos: en el martillo, en las grietas, en los orificios construidos…, padecimos de un pavoroso pánico.
No sólo el agua horada la piedra, también lo hace el olvido, Agustín antes de ser santo lo explica mejor que nadie con otros espejos rotos.
El Estandarte que refleja la larga historia, un día casi se vino al suelo, cuando la locura hecha piedra lo amenazó gravemente.
—Espejo (susurrado), están por darte, ¡cuidado!
—Espejo, mueve tus piecitos a un lado, un poquito, para salvarte.
… pero no pudo hacerlo, porque tenía los pies enterrados en el profundo suelo. Así, ni el espejo, ni el Estandarte que también corría peligro de ser abatido pudieron moverse.
El Estandarte observó detenidamente, como se desmoronaba el vidrio en el suelo… esa precisa circunstancia se asemeja, cada vez más, a una antigua pena que todos lloramos en silencio.
¡Ha transcurrido por fin el tiempo que duraba el efecto del hechizo conjurado por los espejos rotos! Silencio, estamos a punto de ver el modo en el que se rompe el maleficio.
¡Alegría, alivio!
Resultado:
1- No hay más espejos enteros.
2- No hay más superficies vidriosas dónde mirarnos (de aquél modo).
3- La dualidad ha muerto, o eso dicen algunos textos; también se afirma el
argumento contrario.
4- Seguimos queriendo creer en el reflejo, (en su apariencia).
5- Queda el intersticio y tal vez, la repetición mecánica,
…la verdad, cuya madre es la historia…
la de Quijote y la de Menard.
Las dos voces se alzan en contrapunto, -son mucho más que dos acordes-,
ellas corean sus visiones en contra del espejo.
6- Casi se ha extinguido el maleficio, casi está desvanecido.
7- No es seguro que el vidrio permanezca roto ni irrompible de forma
definitiva. Algunos aseguran haber soplado nuevamente la gota caliente.
8- Hay una cantidad inmensa de responsables.
9- Hay una cantidad inmensa de arrepentidos.
10- Hay una cantidad imprecisa de castos de espíritu.
11- Queda un ejemplar de cada uno para el museo: estandarte, espejo, reflejo.
18- Del río nos sigue llegando el arrullo melodioso.
19- El canto cadencioso de las sirenas sigue aletargando los cuerpos.
22- Todo lo que antes estuvo en el espejo y en su reflejo permanecerá allí.
…redimidos del trágico padecimiento al que el Estandarte nos querría seguir sometiendo. Reflexivo: en el que hemos sometido como culpable al Estandarte.
—Sujeto cuarteadito, sujetado al precipicio: ¡cuidado con los abismos! Los abismos poseen un encanto parecido al que procuraban los espejos. Los precipicios no pueden ir más hondo de lo que ya lo han hecho; han tocado fondo y nosotros con él, lo hemos rozado hasta al hartazgo.
La figura del extático se obnubila ante la paradoja y se deja arrastrar por el juego, ahí permanece todo lo que dure el asombro, que por ahora, abarca un corto segmento de tiempo.
El otro lado del espejo acapara sus transformismos.
La hipótesis del espejo (sin rotura alguna) ha de ser abandonada a partir de este texto, pues carece de la posibilidad de engendrar sentidos para el goce (…).
Haces y hacés: pequeña serenata transatlántica
La generosidad y la miseria se debaten a duelo y danzan un tremendo mundo incenciado.
Ambas conviven como dos espectros que blasfeman el uno del otro, es una tertulia de locos de dolor, ateridos. Variación de un mismo lecho, quiero decir texto, simpre me confundo con las palabras que porfían.
Cuál de los dos te castiga menos en la ausencia, eso quisiera saber, no tus defectos. Por la moral, por la moral, por la moral decrépita que se sale de la vaina marchita (machista). Encarcelado: yo también duelo de tu reja, de tu alambre, dorado.
Entrar en el tiempo, abrir un hueco desmedido y dejar de vagar por las adyacencias del tiempo indefinido. ¿Por qué ibas a renunciar a una parte pudiendo tenerlo todo? nadie lo haría
De una mañana preñada de maravilla… He olfateado el suelo y me trago la metáfora que desentona su símil para decir lo que no es posible ser dicho:
No hay belleza en el horrible mundo sino grotescas formas y griteríos en las calles. De tu contradicción excesiva es de ahí de donde alborea la aureola.
Andrajoso por las calles inseguras y en penumbras te escabulles en busca de un tesoro que se encuentra a la luz de la luna, también hay un cielo que a veces te guía pero la mayor parte de las cosas las hacés a oscuras. Es que todos venimos de la oscuridad profunda, de la misma que obliga a encender la vela un día. En qué reducto cuchitril te escondés que no te encuentro cuando te busco, la vela pagada mantiene la oscuridad encendida.Por necio que seas, sos aún más viejo y los años que apenas cuentan en tu frente se esconden en tus talones bien guardados de la mirada inquisidora. Mientes y creo ¿Por qué iba a ser yo quien falte al juramento de la escucha sincera si es otro el que habla de un modo improcedente? ¿Cuánto podremos tirar de tu máscara sin que caiga tu careta?
Amor sutil te agazapas en los cuerpos toscos en las lenguas muertas en los corazones fríos de este mundo y aún así no dejás de destilar las gotas de belleza que colecto una a una para engarzar mi adorno.
Ambas conviven como dos espectros que blasfeman el uno del otro, es una tertulia de locos de dolor, ateridos. Variación de un mismo lecho, quiero decir texto, simpre me confundo con las palabras que porfían.
Cuál de los dos te castiga menos en la ausencia, eso quisiera saber, no tus defectos. Por la moral, por la moral, por la moral decrépita que se sale de la vaina marchita (machista). Encarcelado: yo también duelo de tu reja, de tu alambre, dorado.
Entrar en el tiempo, abrir un hueco desmedido y dejar de vagar por las adyacencias del tiempo indefinido. ¿Por qué ibas a renunciar a una parte pudiendo tenerlo todo? nadie lo haría
De una mañana preñada de maravilla… He olfateado el suelo y me trago la metáfora que desentona su símil para decir lo que no es posible ser dicho:
No hay belleza en el horrible mundo sino grotescas formas y griteríos en las calles. De tu contradicción excesiva es de ahí de donde alborea la aureola.
Andrajoso por las calles inseguras y en penumbras te escabulles en busca de un tesoro que se encuentra a la luz de la luna, también hay un cielo que a veces te guía pero la mayor parte de las cosas las hacés a oscuras. Es que todos venimos de la oscuridad profunda, de la misma que obliga a encender la vela un día. En qué reducto cuchitril te escondés que no te encuentro cuando te busco, la vela pagada mantiene la oscuridad encendida.
Amor sutil te agazapas en los cuerpos toscos en las lenguas muertas en los corazones fríos de este mundo y aún así no dejás de destilar las gotas de belleza que colecto una a una para engarzar mi adorno.
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