La escucha... desatenta... es en esa fuga, en ese meticuloso cuidado
descuido, donde se dilata el pensamiento, no en modo universal sino en el
extremo particular de un modo en el que algo de un momento a otro ha detonado y
aún no es posible percibir sus efectos. Es la palabra un mecanismo de esos que
tiene reacción lenta en mi oído y en mi cerebro, donde la palabra de los otros
queda como tiritando de frío, de miedo, de angustia, de éxtasis, de pudor y se
esconde de todos, hasta de sí misma para ser luego lenguaje. Acaso es en ese
estertor donde puede verse su valía, su momento estridente, su tierra prometida,
su pulsión ocultando y desocultando el hueco donde se cuece el eco. Esa cosa
rara que se ha despegado de toda conversación banal y adquiere por si misma
forma propia y se sienta a la mesa y me interpela con su más agudo verbo.
Claro, no es absurdo pensar que la re-tro-progresión cumple su efecto tardío y
se revela de una importancia estructural. De entre todos los ruidos mundanos,
de todas las conversaciones, algo adquiere
un sentido específico y no es que se profundice, claro está que todo es
playa, que lo profundo no existe, algo cobra vida propia y se vuelve una forma
determinada de ser. Algo que era presuntamente nuestro ya no nos pertenece a ninguno
de los conversadores, ese pedazo de lenguaje tiene un sentido propio, le ha
ganado a todos, también nos ha ganado a nosotros y se determina a seguir su
vida de frase célebre. La idea, la frase, ese pensamiento abre un tajo antes visto /no visto/ por nadie, se vuelve un momento
inaugural. Nace de lo cotidiano, de lo pasadizo, de lo que nadie hubiera
reparado excepto porque vuelve, como la neurosis salvo que no es enfermedad, a
ser presente una y otra vez, a
presentizar-se en la ausencia y es por eso acaso que las conversaciones inocentes
y sencillas, si es que algo así existe, adquieren ese velo de misterio y se
ganan un momento extremo de compresión que continúa y continúa en la pendiente, que pide a gritos ser incluida.
Esas conversas estallan en los oídos, en las mentes, en las manos y convierten
un encuentro casual en un suceso anecdótico imperecedero, es por eso que cada diálogo
es un hurto al tiempo, un momento en que lo humano se extrema, una ganancia sin
dolo, una posibilidad de desafiar las fauces del silencio y también un desencuentro
altisonante entre ese efímero presente y el pertinaz acontecer que retorna perturbado,
conturbado, turbado y en
cada retorno más sutil.
domingo, 26 de octubre de 2014
miércoles, 1 de octubre de 2014
Vita
en el alto verdecer del
ensueño
donde la palabra se
obtura,
acontece
eso inefable
que tampoco es silencio
los museos pierden sus obras
las espirales del tiempo traman los puentes de cristal
las fuerzas desgarradoras se invierten
la maravilla va de
mano en mano en busca de su sinfín
hilándonos el día a
día
liándonos
un trazo de
lucificción escribe la letra
eclipsa
una obstinación se vuelve
todo poderosa
el brío humano en
primavera
se pierde la cordura,
se brota,
se florece,
se fructifica,
se desgrana,
gotas
de aguamiel
una
a
una
.
.
.sábado, 20 de septiembre de 2014
Oasis
Ella y su corcel
cabalgan en el desierto, luego de algunos días el sol perturba tanto el
entendimiento que, poco a poco, hasta los pequeños trozos de piedra desaparecen
y sólo existe un único punto en el cielo. Las noches se vuelven enemigas porque
él no está y ni la chica ni el corcel lo ven por ninguna parte. Una siesta obligada
por el calor en las cabezas encuentran un oasis, ambos se detienen y aquietan
la marcha. El oasis se convierte en un refugio en la intemperie, en una
compañía, en un espejo donde reconocerse mutuamente, en un regocijo donde
hundir los pies y las manos hasta que al final ella y el caballo están
sumergidos en la profundidad del ojo de agua. El ocaso es la hora ansiada y
ambos descansan de las rutinas del camino, del asedio de las horas excesivas en
el vacío, hasta que la noche los adormece poco a poco. Ambos cuerpos duermen
profundamente, con una extremidad tocan el borde del agua y eso los consuela
largamente.
Al despertar el sol invisible de la aurora vuelve a marearlos, el ojo de agua ya no está, ella y el caballo retoman la
andadura del camino. No imaginan que el oasis es una maravilla del desierto que
emerge y se sumerge por un cortísimo tiempo, no imaginan que el agua brota y se
esconde, que así es el ritmo, que esa es la forma en la que respira el desierto. Ahora
desconfían uno del otro profundamente, cada uno a su manera sospecha que el otro
se ha bebido todo el líquido durante las horas muertas. De andar enemistados se
vuelve más complejo el camino, ni el
corcel quiere cargarla ni ella guiarlo en el camino, ahora son enemigos íntimos, ni tan siquiera se miran aunque siguen caminando juntos añorando el próximo espejismo.
viernes, 22 de agosto de 2014
Razonamientos cruzado
Pienso mal, no
es que piense malamente de alguien sino que tengo pensamientos equivocados,
razonamientos erróneos. El sujeto
se puede o no predicar sintáctica o declarativamente. El sujeto está instalado
en mi sofá y no se quiere ir, se pueda o no predicar.
No es que lo que pienso contenga error lógico,
casi todo lo contrario, sino que la manera de ejecutar el razonamiento es
azaroso. Sujeto, ¿te has puesto
los pantalones…? Ellos van para cualquier lugar y tengo
que estarlos encasillando y arreando para los lugares que producen certezas,
donde la lógica sigue un desarrollo paso a paso, y una vez terminado ultiman en
una premisa concluyente (¡pero el tiempo que va a pasar antes que llegue al
final es muchísimo!). Sujeto, ¿te
has puesto las medias ya? ¿Y todos los piercing? Pienso al
revés y eso hace que en vez de ir como todo el mundo pensando del lado derecho,
vaya por el otro lado, cosa que en los setenta tenía mucho sentido, pero ahora
no tiene ninguno más allá de una remera con la foto del Che y algún que otro
arrumaco cariñoso en la oscuridad de algún cine, durante alguna de las
versiones de las películas que hacen sobre él… Sujeto ¡apuráte que vamos a llegar otra vez tarde al
teatro por tu culpa! Por lo tanto,
retomo el razonamiento una vez que lo he terminado y lo vuelvo a destrozar para
barajar de nuevo una partida y hacer con eso un cosido de estofado de chorizo,
que no me voy a comer, pero que tiende a oler muy bien. Culpa… culpa… Hacia atrás y luego (como pienso mal, pero estoy acostumbrada a hacerlo
y deshacerlo) tengo que dar vuelta a los razonamientos hasta dejarlos
forzosamente al derecho. Las
culpas para otra edición serán, pero te adelanto que a todas las culpas, las
tenés vos. Pienso mal, pero con
la ventaja de pensar mucho, mucho más que otros humanos, y otros que también
vienen posteando en el ranking de los de pensamiento ágil: el mono, la
serpiente y una serie de robot que amenazan con servir el té a las cinco en
punto. Yo estoy libre de cargos…
y culpas. Pienso mal, pero razono
bastante bien, y con mucha frondosidad de caracteres, es decir con grandes
cantidades de globitos sobre mi cabeza. Sujeto, no tenés predicado, ni tampoco queda resto en tu cuenta de
banco, he pagado la fianza con tu dinero. Pienso mal, es cierto, pero pienso mucho, y si la vida es una fiesta y
el pensamiento una frondosa anarquía… Entonces… Entonces…, ¿Entonces qué?
Entonces que después
de pensar mucho mucho mucho me he dado cuenta que la cantidad y el tamaño es lo
de menos. ¿O eso era aplicable a la calidad? ¡Estoy pensando mal otra vez! ¿Será
cuestión de extensión de concepto o este no será el caso correcto? ¿Este sujeto
será otra de las excepciones que justifican la regla? De acá en adelante vos tenés la culpa de todo, ¿ves
que ahora estás pensando mal vos? Lo
importante es la calidad del pensamiento, cuánto pueda perdurar en el tiempo.
La cantidad, el trabajo que le lleve a una pensarlo y des-pensarlo es lo de
menos. La calidad es lo fundamental.
Ah! Y te aviso…
Entonces
concluyo en un nuevo pensamiento:
PIENSO MUCHO
PERO CON CALIDAD, ¿suena bien como conclusión no? ¡lo voy a repetir frente al
espejo los lunes!
…en esta era
cuaternaria del amor, lo del “café con piernas” no va más, porque si no cuando
vuelvas a la noche tendrás la culpa hasta del Big Bang.
Des obra
Eso
quiere él, vivir el día hacia atrás, que la noche se vaya aclarando poco a poco
y ver atardecer como una aurora y llegar al mediodía sabiendo qué hay para
comer y que la mañana sea un olvido. En la noche retrospectiva el joven dramaturgo añora su vejez, y dice cosas
sin sentido APRA los que como él en días de fiestas aún son muy jóvenes, quiere
ser viejo como el día y por eso a las tres de la mañana se siente como nuevo y
empieza de nuevo, nuevamente, nuevo cuerpo a deshacer la noche, hay una diferencia
sabida, un paso que acontece sobre lo ya sabido y es que desandar lo andado es
poco mas que una aventura es una usura al tiempo, ganar un día viviendo a lo escorpión
ponzoñoso tiene algo de mágico pero también algo de mezquino, haber perdido un día
era algo por demás ensayado pero haberlo ganada era algo nuevo. Se dijo
pequeñas serenatas nocturnas a la luz de la luna, leyó tres mails miro tres
veces por la ventana se tomó tres copas de vino, el tres no era un amuleto era
el ritmo de la repetición forzada de vivir una y mil veces el mismo día, pero
vivirlo en reversa era otra cosa, quÉ otra cosa? Otra cosa, un atisbo de
melancolía le coló los dedos y escribió una poesía y después la tachó toda
porque no era buena, los dramaturgos anochecen temprano y viven de otro modo,
no escriben personajes, no llaman a las puertas ciegas, solo dibujan dentro de
su mente paisajes superpuestos y esperan que los habiten lentamente sus dueños,
un paso en falso puede ser mortal, pero la muerte ya se sabe, no es un estado
definitivo, él lo sabia y por eso desanduvo la noche como quien sale de un pozo
de muerte, hediendo y se lavó la manos, se desabrochó el abrigo y se entró en
la bañera vestido, así debía ser para descompasar el día para entrar a la tarde
de otra manera, quiso dar vuelta las certidumbres y empezó por donde sabía, las
uñas largas no era la peor de las costumbres, pero ahora que podia ser otras
cosas entro en el costado aguantado de la mano y miró por las venas un
discreto suplicio, se lo sacó de encima y lo dejó en la jabonera, bañarse
tampoco era tan malo y todavía le esperaba toda la tarde toda la siesta el
mediodía y la mañana desierta. No, sin desiertos, hoy nada de desiertos ni
patrañas espejadas ni cosas que no entienda a la primera, hoy quiero entenderlo
todo porque de hecho ya lo he vivido y acaso solo me queda entenderlo. Dramaturgo
uno de tus personajes está bajando las cortina y amenaza con lavarlas, ya sabés
que eso trae mala suerte, mas mala suerte que darte la vuelta, una hora de
devaneos y ya estás a punto de concebir la obra la obra de tu vida
tartamudeando, en la cadencia y te caes en la entrepierna y en el intermedio,
querés a toda fuerza llegar al primer acto a las diez de la noche, pero puede
ser complicado darle la vuelta a las cosas y encontrarte con que la obra ya
está escrita y que no te gusta como ha quedado la factura, es una hora de
trabajo rara, me ha rendido demasiado y
yo soy lento esto no es mio, quién lo ha escrito, otra vez el alter ego
haciendo mi trabajo y yo desconociéndome a mi mismo y creyendo que de esta
conturbación va a salir una obra de teatro. Después que llega el ocaso te
escavias un trago en el bar de abajo mientras pensas con disimulo lo que vas a
escribir cuando estés arriba, a los demás les seguís la huella y hasta tercias
en una discusión de medio pelo sobre los orígenes de la música cubana y a la
hora del salto biónico a la revolución decís que tenes hambre y te escapas a la
mesa de trabajo ya tenes claro el segundo acto y amaestrado los costados
morados de los personajes, así cualquiera escribe una obra de teatro, si tiene
al alter-ego trabajando mientras mirás por la ventana como discute una pareja
sobre qué cosa tan importante que los lleva a pararse en una esquina y detener la marcha y ella grita y el
grita más fuerte y él después se da la media vuelta y ella se queda estaqueada
en la acera llorando. A la hora de almuerzo todavía no vas a estar en este
embrollo y por eso querés llegar rápido
a la hora del pollo pero por ahora te aguijonea la melodía de cuerdas que entran
cuando el personaje A se sube a la escalera y hace como que se va a ir al cielo
y después amenaza con tirarse: tírate! Le grita el otro personaje, total desde
la escalera no te va a pasar nada y lo
del cielo es metafórico en la escena. El personaje se tira pero como desde el
cielo y queda hecho polvo en el suelo de la obra. El dramaturgo vela al muerto
y consigue a otro que se suba a la escalera y se quede quieto porque si no no
puede terminar de componer la escena. Lee al Shakespeare este para tomar impulso
y después se siente un infeliz de la primera hora y se dice que él nunca será
un buen escritor de obras de teatro, ni aunque tenga cinco alteregos trabajando
juntos, y decide hacer lo del personaje y tirarse en picada desde el cielo, al
rato cortísimo supera el momento melodramático y se agarra a los pantalones del
personaje que esta trepado y esperando que mande usted en la escalera. El
dramaturgo da una orden imprecisa y el personaje desenvuelve la tela y grita un
parlamento que nadie, ni el dramaturgo, hubiera podido esperar así de sopetón,
lo escribe rápido para que no se olviden las cuatro frases claves y rellena con
algodón y algo mojado lo que falta. De los actos que faltan no se sabe nada. El
dramaturgo tiene hambre y se imagina el pollo y la ensalada del mediodía que
todavía no se ha vuelto a comer. Entonces hay un toque de queda a mala hora y
él se detiene. Si ya sabe lo que vendrá no vale la pena, se obliga a olvidar
todo, para así poder desandar despacio lo sabido, ¿sino que gracia tiene? Qué no
se entiende nada le avisa la vecina y él la mira con odio visceral y le dice
que vayasé usted a la mierda, cuando llegue la mañana ya lo va a entender
mejorcito pero ahora que ni él lo entiende, pero ya aclarará con el día, que
tenga paciencia. Y ahí es cuando se enoja consigo mismo por andar dando
explicaciones a gente que se mete en su terreno sin saber de que se trata. Qué diálogo ni nada, los personajes monologan cada uno a su manera sobre sus
propios desaires e infortunios, y nadie escucha a nadie, el dramaturgo esta
desesperado porque la obra no se entiende y los personajes no interactúan como
debieran hacerlo. Se han desacatado y lo ignoran a toda hora, a él, al alterego
le prestan una atención desmedida y entonces acontece lo que poco a poco había
venido pasando, a la hora de la cena, el alterego y el dramaturgo están en la
contienda, no hay nada para cenar y se echan la culpa uno al otro. Comer es una
perdida de tiempo, vivir es una perdida de tiempo, soñar es una perdida de
tiempo, trabajar es lo único que no es una perdida de tiempo, el alterego lo
entiende perfectamente pero el dramaturgo está en otra sintonía, él quiere
hacer otras cosas vitales, comer por ejemplo y no hay cena lista y hay que
esperar hasta el mediodía, pero para el medio día falta medio día entero. Por
cosas como esta el altergo y el dramaturgo se riñen con vehemencia se insultan
que da calambre y se tiran hasta los platos vacíos por la cabeza. El alterego
se borra de la escena y el dramaturgo se queda recogiendo los pedazos del
suelo, porque como se la pasa descalzo se los va a clavar seguro. El dramaturgo
a esa hora sin cena piensa en la sangre en su preciada sangre y dice que él la
tiene para cosas mas importante que para las astillas. Aún así prueba con
pincharse el dedo gordo del pie y la ve correr en hilito y camina por la casa
dejando la huella roja, eso lo alucina y la mira y la mira mientras camina y
piensa en las cosas viscerales en el flujo constante de la sangre en los
personajes, extra al personaje que tiró desde el cielo y llama al que lo ha
sustituido sin pena ni gloria y le habla de la sangre que el tenia cuando era
chico y los porqué de la azul vena, así tenes que ser, le dice, como la vena no
como la sangre, contener lo importante dentro y que se vea en la superficie
sólo lo aparente, así tenes que ser vos personajito y le acaricia la cabeza, al
rato el personaje y el dramaturgo están hecho un nudo abrazados y se quieren
infinitamente. Hasta que llega el alterego y se monta una escena de celos que
madre mía. Ahí es cuando el dramaturgo se sale de la escena y se baja al bar a
hablar cosas y pensar el segundo acto. No se entiende este ir y venir
constante, me estas mareando maría magdalena, ya sé, pero esperate que esté lista la obra y ves que se entiende que ya estas como la vecina apurada por ver
la obra completa. Acordate que tiene que ser corta, la gente no soporta las
cosas largas, de tiempos acompasados de música compuesta, la obra tiene que
quedar ensamblada, no estos recortes de pastiches por todos lados. Esperate que
termine todavía falta la mejor parte.
Hoy
no es un día peronista ni radical, los días no tiene color político, hay días
malos y otros en los que sale el sol y los otros en los que ni se nubla ni
llueve ni sale el sol ni nada, despreocupate desacostrumbrate ponele el prefijo
des a todo y ves que te sale bonito, dramaturgo no se entiende nada, se
desentiende, y de tanto des nos estamos desconociendo, para entendidos mejor si
lees otra cosa porque esta va para atrás y es complicada.
Y
esa mañana se tapó hasta la cabeza y dijo que mejor si no se hubiera levantado
de la cama.
ANTES
Antes pensaba en muchas cosas, ahora
pienso en pocas muchas veces. Antes tenía muchas respuestas, ahora tengo pocas
respuestas y pocas preguntas que sirven para la ficción, pero no para la vida.
Antes el mundo era una representación gráfica grande y descalabrada, pero lo
entendía. Ahora entiendo mejor el mundo, pero los modo de pensar en él son los
de antes muy antes. Antes y ahora han desaparecido como metáforas del tiempo y
la continuidad, en la que antes creía muchísimo, ahora me desconcierta. Antes escribía
cosas sueltas que pensaba que un día iba a darte, pero que luego borraba apenas
las terminaba. Ahora escribo a lápiz así las puedo transcribir en el teclado y
si las borro después me puedo arrepentir un rato largo pero las sigo teniendo.
Antes sabía muchísimas cosas que ahora ya no sirven para nada. Ahora, recién
ahora, me doy cuenta que eso es buenísimo que pase, que el vacío es aparente y
que la nada… es un alegato a favor de las traiciones con fecha de vencimiento. Ahora
puedo escribir en un texto, así de pequeñito, la palabra: muchísimo, dos veces
y no me parece que quede tan mal. Antes todo era complicado y ahora es fácil,
pero de una facilidad muy compleja, intrincada y maravillada. Antes creía que
las hojas estaban en blanco antes de…, ahora pienso que las hojas, aunque lo
parezca, nunca están en blanco. Antes las palabras eran y no eran tan
apalabradas. Ahora las palabras se han vuelto indomables, revoltosas y
desobedientes… conversas, se amarran a una punta de un hilo y tiran y tiran
hasta destramar las texturas y dejan la piel sin cobertura, como desnudas.
Antes no sabía que las palabras también tenían vestiduras, ni que a veces se las
sacaban, ni que atravesaran desnudas e impúdicas las calles. ¿Ves porqué
terminaba por borrar los textos que intentaba escribirte?, todos se desviaban
del sentido que intentaba fijarles de antemano. Las palabras se alborotaban en
exceso y se tomaban demasiadas libertades, se apropiaban del texto, se decían a
su manera y no me hacían ni caso. Terminaban por dispersarse, alejarse
demasiado del cauce, se volvían impresentables...
30 de abril 2010.
ESPEJOS
Esas acciones del pensamiento,
ocultas de todo, a todos, sin demonios presentes. Esas historias eternas sin dios aparente...
En qué tajo de los símbolos entramos
en la sombra de la vigilia que no puede verse desde la otra orilla. Hay, claro
que debe haber, una sensación de amor disperso en la que ambos nos miramos.
Yo hubiera querido comprender en tus miradas,
no en tu cristalina ausencia.
Entrar en aquello que podía parecer
sueño. Hubo un momento en el que mentimos a dúo, fue un concierto efímero y aturdido.
Feo. ¿Cómo pudimos ser un coro tan necio, cómo pudimos entrar en las fauces del
delito?
Estabas ahí, vidrio por todos lados:
contaré el desamor que hubo esa noche: contaré ese modo de espejar los
sentimientos que había en tus ojos en tus manos en tus labios: ¿contaré que los
roces vacíos de sentido se clavaron en el aura más tenue de la noche y
proyectaron una figura espantosa? Era tan tarde…, tan tarde para algunas cosas
y nosotros jóvenes y decrépitos. ¿Cómo has envejecido tu reflejo en tan poco
tiempo? No me atreví a preguntarte. ¿Cómo has llegado a dar con la oscuridad en
tan inmenso grado? ¿Cómo, la temperatura de tu sangre, has helado de un modo
tan horroroso? ¿Cómo te has vestido de una silueta transparente que devuelve
una imagen tan fresca y desconcertante?
Debo haber incurrido en la misma transgresión.
Debo haberte confundido con los
mismos guiños extraviados.
En los ojos que ese día yo no tenía,
te habrás mirado de pronto y habrás visto sólo tu cara, confundiéndote,
creyendo que era la mía. Seguro pensaste que era mi alma la que te llevabas a
la boca y era la tuya la que se reflejaba en directa consonancia. Habrás terminado
comiéndote tu propia búsqueda.
Esa noche tan hueca, tan llena de
ecos, los dos nos confundimos de un modo exagerado. ¡Qué torpeza por la que
caminamos en los filos de las veredas!
Aunque creo que era imposible no
hacerlo, porque los dos estábamos atontados de reflejos.
Sabías quien eras pero lo alterabas a
sabiendas. Yo hice lo mismo, conociendo mis absurdos los oculté, decidí
burlarte y burlarme. Un golpe de cinismo extremadamente certero.
Caímos irremediablemente en el abismo
de los silencios, en la persecución sin tregua de las esencias veladas.
Seguimos la ruta equivocada, siempre sabiendo de qué se trataba el juego. ¡Qué
era un simple retozo!, debemos habernos prometido cada uno por su lado. Nosotros,
tan lucidos, tan mortales, esquivamos las verdades con maniobras perfectas. Entramos
en el otro lado de las analogías porque acaso nos medimos y creímos ser
demasiado hábiles.
Tus ojos fueron un buen aperitivo para
la cena, no sabías que los míos también eran comestibles hasta que los probaste
y convertimos aquel festín del deseo en una cena para ignorantes insaciables.
A qué hora se produjo el espejamiento,
no supimos. Nos confundimos. Creo que atinamos una estrategia dañina. Nos
fuimos destilando uno dentro del otro sin previas retenciones. Eras lo que yo era,
yo era lo que vos eras, y ese encuentro afortunado, desafortunados,
trascendente y quimérico, nos trastabilló el rumbo y nos estrellamos.
¿Cómo saber desde antes que nos íbamos
a reflejar mutuamente de ese modo tan espeluznante?
Pasamos al otro lado del espejo en el
que encontramos los túneles que no saben hasta donde llevarnos. Los conejos
hubieran sabido caer sin problemas en esos sitios, pero nosotros no supimos, porque
acaso nos habíamos perfumado demasiado el instinto y sólo poseíamos el
aturdimiento del tiempo. Caímos como lágrimas sin sentidos y rodamos una
maravilla de vértigos y olvidos.
No entendimos y seguimos. No sentimos
y seguimos. No vimos y seguimos. No encontramos y seguimos. Éramos estériles y
seguimos, éramos el uno en el otro y seguimos, éramos extraños y seguimos, éramos
todo lo contrario y viceversa, y seguimos…
Abandonamos el juego a la hora
incierta, decidimos salir desde adentro del sueño de los mortales para entrar
en el otro tiempo invertido. Salimos a buscar la certeza de habernos visto de
frente unos instantes, La certeza de haber atravesado el espejo lindero de
nuestros seres. ¿Realmente llegamos a salir de nosotros o eso también fue una ilusión
de ciegos en la negrura? Entramos en aquella zona opaca en la que cada uno tenía
soberanía. Jugamos a la nocturnidad y avanzamos a tientas.
Vi en tu penumbra, tan semejante a la
mía, una suerte de ternura y un perdón para siempre. Debimos habernos quedado
del otro lado. Yo en tu oscuridad y vos en la mía. Debimos haber aceptado la
estadía en nuestros costados mortales, para ser lo que otros eran casi siempre
y todavía; pero no pudimos con la tentación miserable y volvimos a jugar a la
divinidad momentánea. Atravesamos el vidrioso linde sin rasgarnos el cuerpo y
mordimos la frugalidad más envenenada. ¿Habremos sangrado? Deberíamos haberlo
supuesto, acaso no quisimos admitir que, como para el resto de los mortales, la
carne de nuestro cuerpo era presa fácil.
Debemos haber hecho cosas que nos
hicieran daño…, pero no lo notamos hasta entrado el día, cuando ya era
demasiado tarde y sólo teníamos las cicatrices a la vista. Nosotros ahí, mirándonos,
más insensibles que nunca.
En tus ojos había un abismo como debe haberlo
habido en los míos. Nos caímos y, que yo sepa, nunca volvimos a levantarnos. De
todos los espejos antropomorfos en los que me he mirado, eras el que devolvía
el reflejo más hermoso de mi imagen creada. De todos los espejos que reflejaron
tus rostros, el mío debe haberte gustado aquella noche. ¿Cuándo nos perdimos? ¿Cómo
desatinamos las certezas? ¿A qué distancia del vidrio nos quedamos? Esas cosas tampoco
supimos decírnoslas. Era una posibilidad incierta una ceguera compartida una
noche inmensa y también debe haber sido una fiesta.
¿Las huidas, son ciertas, inciertas,
o todo lo contrario después de la aurora?
Enamorarse
es crear
una religión
cuyo dios es falible.
El encuentro en un sueño. J. L.
Borges
Noviembre 2009
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